Culpable (cuento)

El pasado mes de mayo el Centro Cultural y de Animación Misionera San Antonio María Claret (CCAM) fue invitado a entregar un Premio Colateral en el Encuentro Provincial de Niños Escritores, evento que cada año organiza el Sistema de Casas de Cultura de Santiago de Cuba.

Agradecidos por el ofrecimiento, el CCAM no solo aceptó y entregó un premio colateral, sino que ofreció las páginas de la revista Viña Joven para publicar todos los textos premiados en este evento.

Como parte de este compromiso, iremos publicando en nuestra web esos textos premiados, pertenecientes a niños y niñas de entre 10 y 13 años de edad, en los que se reconocen (como podrán comprobar ustedes) indiscutibles méritos literarios.

Comenzamos compartiéndoles la obra «Culpable», merecedora del Premio Colateral del CCAM, además de alzarse con una Mención del Jurado del Encuentro de Niños Escritores.

 

CULPABLE

Reinaldo Guerra Sotomayor

(Mención Especial 2do nivel. Premio Colateral de la revista Viña Joven)

Brinquitos era el nombre que se había ganado por sus insuperables ganas de jugar. Con solo un empujón, golpeaba sobre la ventana y rebotaba hacia la pared del frente, luego al techo, al piso, a la ventana, a la pared y así sucesivamente, hasta terminar con las tripas calientes y la lengua colgando. Lo peor era que ensuciaba todo a su paso, aunque ella no se preocupaba por eso, porque todos los regaños los recibía, sin quejarse, Tino, su compañero inseparable.

Los dos amigos nunca paraban de jugar, pero la tarde del domingo pasado, mientras todos en casa dormían la siesta, ellos se aburrían infinitamente de golpear la pared y el techo. Los bostezos de Brinquitos le llegaban de la raya amarilla hasta la roja, y eso que por medio estaba la azul, la verde y la blanca. Por eso, cuando Tino abrió la puerta muy despacio y la llevó a la calle, ella saltó más feliz que nunca al sentirse libre. Enseguida rebotó tan alto que le dio tiempo a saludar al Sol y se disculpó con una paloma, que se apartó presurosa para no ser golpeada.

Entre tantos brincos y rebotes, alcanzó a ver por una ventana de cristal del edificio vecino, a una niña que dibujaba tan entretenida, que ella le causó curiosidad. —¿Qué será lo que dibuja?—, se preguntó Brinquitos. —En el próximo salto, me pego al cristal y así salgo de dudas—, y sin detenerse a pensarlo dos veces, tomó impulsó para ir a averiguarlo.

Se impulsó tanto que ya no pudo frenar y el cristal sonó ¡crash! al hacerse añicos. La niña corrió asustada; Brinquitos se escondió en el rincón más oscuro de la habitación y apretó bien los ojos, creyendo que si ella no veía lo que pasaba, nadie la vería tampoco. Pero todo su esfuerzo fue inútil; unas manos la apresaron con tanta fuerza que por poco se saltan las tripas. Lo peor vino después: de una patada la hicieron rodar escaleras abajo hasta llegar a donde estaba Tino, que comenzó a gritar fuertemente cuando las grandes manos le retorcieron la oreja y lo llevaron así hasta la puerta de su casa. Brinquitos quería decir que era su culpa, pero nadie la escuchaba entre tantos gritos y golpes que acabó recibiendo Tino; después lo sentaron en una silla y a ella la lanzaron a lo más profundo del cuarto de desahogo, donde acabó teniendo como única compañía los sollozos de su inocente amigo.

 

Reinaldo Guerra Sotomayor, 12 años. Contramaestre. ESBU Pepito Tey, 7mo grado. Miembro del Taller literario «El cuentero», Casa de Cultura Isidro Iglesias del Rey.

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