Con el corazón abierto hacia a Dios

cabecera buen nueva Alvaro“Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el Señor.”

 

Hermoso ejemplo de Adviento: hacer lo que dice el Señor. Considero que es la mejor forma de mantener viva la esperanza, saber escuchar a Dios en medio de las incertidumbres, dejarse orientar por Él y hacer lo que Él quiere. No hay mejor camino que éste.

Para José no fue fácil tomar a María como esposa. El texto no nos da más detalle, pero conociendo el contexto religioso de su tiempo, y las posibilidades que le daba la ley de denunciar la deshonra de María a su vida, podemos concluir que para José fue un momento duro.

De entrada se nota que no aceptó el hecho de un embarazo lleno de “Misterio”, con el argumento de que “es obra del Espíritu Santo”. Fue el proceso continuo de escuchar al Ángel lo que hizo que al final la tomara por esposa.

Al mismo tiempo, se ve que Él amaba a María, porque dice el texto que “pensó dejarla en secreto”. No le va hacer daño, porque cuando se ama de verdad no se le puede hacer daño a la persona. Por tanto estamos ante un momento duro de incertidumbre, de amor, de escucha, de diálogo y de la presencia amorosa de Dios que no deja a José en esta oscuridad.

Un bonito relato para terminar nuestro tiempo de preparación, tomar a José como todo un modelo de cómo cuando el corazón está puesto en Dios siempre se encuentra su Luz. Esa Luz que en estos días se nos proclamará en Navidad para que nuestras tinieblas, nuestras incertidumbres, nuestros miedos, nuestros sinsentidos, nuestras batallas del día a día… sean iluminadas con la Luz que viene de lo alto. Que nadie se sienta defraudado, Dios no se muda. Dios siempre habla. Dios no nos deja de la mano. Con la fe puesta en Él, siempre encontraremos a su Ángel que nos anime a encontrar luces. La decisión principal de nuestra vida es llenarnos de la justicia divina y poner el corazón en Él, como José.

Si los cristianos y cristianas vivimos así como José, entonces seremos cristianos y cristianas de una alegría del cielo que no la quita nada. Seremos fuertes en la entrega, el servicio, la generosidad, la solidaridad, el amor, el perdón… y contagiaremos al mundo de la Luz de Navidad que está por llegar. Que estemos, pues, con el corazón abierto hacia a Dios.

 

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