Nuestro maravilloso planeta mágico

Reflexiones para la nueva ecología después de la Laudato sí’. Para despertar, maravillarse y empezar de nuevo.

Vivimos en un planeta mágico, maravilloso, una verdadera obra de arte del Creador. Nuestra única casa común está ubicada en un rincón protegido en las orillas de nuestra galaxia, La Vía Láctea. La Tierra, nuestro maravilloso planeta, ha sido la cuna de  la vida en nuestro sistema solar. Por ello, nuestro planeta tiene un tamaño ideal y la gravedad nos sostiene de manera extraordinaria alrededor del Sol, y aunque no nos damos cuenta, la tierra gira sobre su eje a una velocidad de 1.600 km/h y alrededor del Sol a 100.000 km/h. El sol junto con la tierra y los demás planetas de nuestro sistema solar; giran alrededor del centro de la Vía Láctea a 850.000 km/h. Y nuestra galaxia, La Vía Láctea, viaja a casi 2,3 millones de km/h, es decir, 630 km por segundo. ¿No les parece fascinante? Todo es una genialidad. Cierre los ojos y póngase a pensar por un momento…

Otras de las cosas mágicas de este planeta es el oxígeno que respiramos, ha sabido mantenerse al 21% a lo largo de millones de años; si fuera un poco más de un 5% los bosques arderían.

Otra de las cosas que me fascinan son los árboles: Crecen abriendo sus hojas hacia la luz; se comen los fotones que vienen del Sol, el oxígeno lo despiden para nuestra respiración y con el hidrogeno combinado con dióxido de carbono obtienen azúcares. Esto se consigue por medio de un proceso maravilloso llamado fotosíntesis.

Estamos emparentados con los árboles por su ADN. Nuestro planeta mágico ha demorado aproximadamente unos 4.500 millones de años en desarrollar la vida en un proceso evolutivo extraordinario. Por eso nuestro planeta es una cuna donde se ha cuidado la vida y como diría el científico, James Lovelock: “La Tierra es un súper organismo vivo que se autorregula solo”.

Investigaciones increíbles nos dicen que, un átomo vibra diez millones de veces por segundo. Cuando observamos a los fotones ellos se dan cuentan de que son observados y cambian de posición. Nuestro ADN está emparentado con toda la vida del planeta; todo es una verdadera maravilla del Creador.

Pero nuestro planeta está  enfermo, y nosotros los seres humanos somos los causantes de esta enfermedad.Y  nos consta que el pronóstico es muy desalentador, ya que si no cambiamos drásticamente de estilo de vida, es una catástrofe ecológica planetaria que implicaría la extinción de la mayor parte de las especies actualmente vivientes, incluida la nuestra. Y lo peor es que, sí seguimos pensando que nuestro planeta es inagotable y que podemos sacarle todo lo que nos haga falta, hasta extenuarlo, entramos en un camino sin retorno. Vivimos “un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas” (Eduardo Galeano).

Pongo este poema de la abadesa Hildergarda de Bingen, del siglo XII, Alemania, en plena edad media. Esta religiosa, de manera increíble y maravillosa, supo aportar unas reflexiones sobre la naturaleza y entre ellasescribió́ lo siguiente sobre Dios:

 

Yo prendo la belleza de los prados,
yo muevo las aguas,
yo ardo en el soly en la luna y las estrellas…

Yo adorno toda la Tierra,
yo soy la brisa que nutre todo lo verde…

Yo soy la lluvia que surge del rocío y hace que las hojas rían con la alegría de estar vivas.

Y termino con las palabras de de José Saramago: “Dios es el silencio del Universo, y el ser humano el grito que da sentido a ese silencio“. 

hnomanolopliego@gmail.com 

(Centro Cultural Claret- Santiago de Cuba)

 

 

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