Memorias de la Parroquia Santísima Trinidad y de la presencia claretiana en Santiago de Cuba*

Por: José Luis Manet Hechavarría.[i]

Fundación de la Parroquia

Imagen de la casa comunitaria de Trinidad 661 tal como lucía en la fecha

Según los datos tomados de los legajos de Parroquias (erecciones) existentes en el Archivo del Arzobispado de Santiago de Cuba, esta Parroquia debe su construcción a la piedad y devoción de los esposos D. Bernardo Portuondo y Da. María Gabriela Rizzo y Cébedes de Ordoñez, marqueses de las Delicias de Tempú, que la fundaron y dotaron de todo lo necesario para el culto.

Por Real Cédula expedida en El Escorial el 19 de Noviembre de 1779, se concedió permiso a los citados marqueses para hacer una Iglesia en el barrio de Santa Ifigenia, dedicada a La Santísima Trinidad.

El 15 de Febrero de 1784 se había colocado la primera piedra, bendiciéndola el Sr. Provisor Canónigo doctoral Dr. Juan Crisóstomo Correoso, ayudándole el Sr. Gobernador D. Nicolás Arredondo y asistiéndoles el maestro albañil Raimundo Mojena, habiéndose puesto una cruz en el sitio de la futura construcción el día anterior por una comisión nombrada por el Sr. Provisor, compuesta también por los sacerdotes Dr. Manuel de Terán, Dr. Tomás Tellez y Dr. José Antonio Hernández.

La iglesia se terminó el 1ro. de Junio de 1787, 3 años después y su costo ascendió a $ 30, 000; esa misma tarde se colocó el Smo. Sacramento, llevándose en procesión solemne desde la Santa Iglesia Catedral.

El 2 de Junio de 1787 se instaló el Augusto misterio de La Santísima Trinidad.

El 6 de Octubre de 1803, el entonces Obispo D. Joaquín de Oisés, decreta la división de la ciudad en cuatro curatos o parroquias: Sto. Tomás, Dolores, Catedral y Santísima Trinidad.

Los límites naturales que se le asignaron al curato de La Santísima Trinidad fueron: por el norte el campo (desde la calle San Félix al este); por el sur la calle de San Jerónimo (desde la esquina de la calle de San Félix), por el este el Campo Santo y entrada del Caney, y al oeste la calle de San Félix desde la esquina de San Jerónimo, hasta el campo del norte.

El 24 de Noviembre de 1803, la Diócesis de Santiago de Cuba fue elevada a la categoría de Archidiócesis, recibiendo la Catedral el Título de Metropolitana y su prelado D. Joaquín de Oisés Alzua y Coparicio el de Arzobispo, siendo investido como tal el 16 de Abril de 1804.

En 1804, La Santísima Trinidad fue erigida en parroquia auxiliar de la Catedral, recibiendo la aprobación regia en 1817(Doc. Cit. Libros Archivos Parroquiales).

Situación religiosa y social de Cuba

“Cuba, la perla de Las Antillas, era prácticamente el último vestigio del vastísimo imperio colonial que le quedaba a España en América.

Los primeros evangelizadores de Cuba fueron los Franciscanos. La Diócesis de Santiago era una de las más antiguas de América. Fue erigida por León X en 1517, abarcando bajo su jurisdicción toda la isla de Cuba y también los territorios de Luisiana y La Florida (USA). Eclesiásticamente Cuba estaba dividida en dos Diócesis, la de La Habana y la de Santiago. El clero era muy escaso; para las 40 parroquias contaba con 55 sacerdotes, incluidas las cuatro de Santiago que tenían alrededor de 26,000 habitantes. La economía en cambio, desde 1823, estaba atravesando un período muy floreciente, hasta el punto de que en 1830 se construyó el primer ferrocarril de toda América Latina, destinado fundamentalmente al transporte de la caña de azúcar, la mayor riqueza de Cuba.” (Art. Cit. Claret Misionero en Cuba. Jesús Alvarez Gómez. CMF.).

Presencia Claretiana

Claret misionero

Fotografía mostrando las lápidas mortuorias de Doña Gabriela Rizzo y Cebedes que fue patrona del Templo y de Doña María Josefa Portuondo Rizzo.

El carisma es un don del Espíritu para la vida y la misión de la Iglesia. El Espíritu Santo se apodera de hombres o mujeres escogidos y los transforma en Cristo desde uno de sus misterios, ya el Cristo de la oración, ya el Cristo que pasa haciendo el bien, ya el Cristo evangelizador.

Esta transformación, en el caso de los Fundadores, alcanza tal plenitud que llegan a ser personajes englobantes, suscitadores de nuevas familias de Dios dentro de la Iglesia. La experiencia personal se convierte en experiencia fundante.

Cuando el P. Claret recibió la noticia de que había sido designado Arzobispo de Santiago de Cuba, su primera reacción fue de rotundo rechazo, como lo hacía reflejar en su Autobiografía “Espantado del  nombramiento, no quise aceptar…” (Cfr. Aut 485).

En la carta que escribió al Nuncio Exmo. Sr. Brunelli el 12 de Agosto de 1849 aduce una razón que nos revela su espíritu “Así yo me ato y concreto en un solo arzobispado, cuando mi espíritu es para todo el mundo: ni aún en este punto pequeño del globo podré predicar tanto como quisiera, porque he visto con mis propios ojos los muchos negocios a que tiene que atender un Arzobispo” (EC, I, 305-306).

No se veía así mismo como Arzobispo; porque ese cargo, tal como entonces se entendía, comportaba, por una parte, un honor y una dignidad que no se avenían con su profunda humildad; y, por otra parte, porque le desbarataba todos sus apostólicos planes, como eran la recién fundada Congregación de Misioneros y la Librería Religiosa, y porque tampoco se avenía con su celo apostólico itinerante el tener que permanecer horas y horas detrás de un despacho burocrático, cuando era tan urgente la predicación de la Palabra de Dios.

La aceptación del Episcopado no supuso para el P. Claret un olvido ni mucho menos una traición de su identidad esencial de Misionero Apostólico, sino que le proporcionó una plataforma mucho más amplia para cumplir su misión de anunciador de la Palabra de Dios.

El 28 de Diciembre de 1850 embarca de Barcelona en la fragata “La Nueva Teresa Cubana” bajo el mando del capitán Manuel Bolivar, con el P. Claret embarcaron también 13 personas que formaban su comitiva; también embarcaron 18 Hrnas. de la Caridad que iban destinadas a La Habana.

Después de una travesía, donde hicieron escalas en el Peñón de Gibraltar y Málaga (por problemas de mal tiempo) e Islas Canarias, tocan tierra cubana en el puerto de Santiago de Cuba el 16 de Febrero de 1851. Fueron recibidos con grandes muestras de alegría y buena voluntad, así lo destacó la prensa de la época mediante el periódico “El Redactor,” cuyo corresponsal describió la llegada del P. Claret.

“Era Santiago de Cuba la capital de la Archidiócesis. En 1851 contaba con 26,668 habitantes, llegando los de su jurisdicción a 86, 364. El campo de acción era difícil: Archidiócesis muy extensa, malas comunicaciones, clima ardiente.Sin obispo desde hacía 14 años. Clero deficiente en número y calidad. Socialmente, con la plaga de la esclavitud y la inmoralidad. Políticamente, con el fermento separatista en ebullición” ( Aut. p. 256 Notas).

Claret, renovador de la Iglesia y la sociedad cubana

El Padre Fundador San Antonio María Claret. Foto de la época

“No había pasado aún una semana de su llegada a Santiago, cuando el 24 de febrero de 1851 inició la renovación del clero con una tanda de ejercicios espirituales en los que tomaron parte los canónigos, los párrocos y los capellanes de la capital de la Diócesis.

El P. Claret creó una infraestructura de evangelización enteramente nueva; organizó la vida cristiana, las obras de caridad y beneficencia; se preocupó por las Órdenes religiosas existentes en la isla, especialmente por las religiosas contemplativas, como las Ursulinas de Puerto Príncipe, a quienes no sólo escribió una preciosa carta en la que vertía altísimos conceptos en torno a la vida consagrada, sino que también les procuró los medios económicos necesarios para su subsistencia, interponiendo duras reclamaciones ante el Gobernador de Cuba para que se le devolviera el Convento que les habían incautado las tropas para cuartel.

Pidió la colaboración de algunas Órdenes religiosas masculinas, consiguiendo del Gobierno de Isabel II una Real Cédula (1852) por la que se autorizaba el establecimiento en Cuba de los Paúles, Jesuitas, Escolapios, y también de las Hijas de la Caridad.

Y, sobre todo, fundó con la Sierva de Dios Madre María Antonia París de San Pedro la Congregación de las Religiosas de María lnmaculada Misioneras Claretianas.

Algunas de sus medidas fueron realmente eficaces. Creó las Cajas de Ahorros; la Casa de Beneficencia de Puerto Príncipe con una Escuela-Granja que construyó un grandioso proyecto de promoción de los campesinos, pero que desgraciadamente no tuvo continuidad después de su regreso a España. Escribió incluso dos libritos para la promoción de la Agricultura (Reflexiones sobre la agricultura (1854) y Las delicias del campo (1854)) que los dueños de Haciendas entregaban a sus campesinos para que siguieran al pie de la letra las instrucciones agrícolas en ellos contenidas.

El P. Claret se percató muy pronto del grave problema secesionista cubano, pero como, en el fondo de todo, se trataba de una cuestión política, decidió mantenerse neutral porque ni antes en Cataluña, ni en Cuba, ni después en Madrid, se quiso meter jamás en asuntos políticos. Él era anunciador de la Palabra de Dios para todos, y, por lo mismo no podía tomar partido político, por nadie, a pesar de que, como español, no quisiera que un trozo de España pasara a formar parte de los Estados Unidos, y menos aún, como Arzobispo, no pudiera ver con buenos ojos la “protestantización” de los cubanos” (Cfr. Aut. 522-523).

Fundación en Santiago de Cuba

Preparativos e instalación

La fundación en Santiago de Cuba, ofrecida por el Arzobispo de la diócesis al hallarse en Madrid a fines de 1879, huelga decir que fue acogida como oferta del cielo, por la oportunidad de continuar en aquella isla el apostolado del Padre Fundador.

Los destinados eran once, seis Padres y cinco Hermanos, no muy relevantes en dotes y cualidades de relumbrón; pero casi todos tenían una dorada medianía, y, en virtud, la mayor parte de ellos eran excelentes; por ejemplo, el Padre Francisco Ferrer, humildísimo, celosísimo, extremadamente mortificado; el Padre Manent, prudente, juicioso, abnegado.

El grupo de los once expedicionarios destinados a la fundación embarcaba en Barcelona el día 23 de mayo de 1880. El Padre Xifré se les juntaría en Cádiz, donde efectivamente embarcaba el día 30 y zarpaba para la Gran Antilla. El viaje y la llegada lo describe festivamente el Padre Requeséns, también el Superior, Padre Manent, lo hace trayendo algunos pormenores, escribiendo al Padre Clotet el 29 de junio, le dice:

“Alegre tomo la pluma para notificarle a V. y a toda la inolvidable casa de Thuir, nuestra próspera llegada a nuestro destino… Esta casa está situada, efectivamente, en el mejor punto de la ciudad; la iglesia es la primera después de la Catedral; tiene tres naves reparadas por nuestro P. Fundador; en los claustros hay cuatro algibes, dos de los cuales están cerrados o, mejor dicho, cegados…”.

El mismo Padre Manent, sin la optimista alegría del Padre Requeséns, sigue informando a los Superiores en una relación que hacía en carta del 29 de Junio acerca de la instalación de la Comunidad en sus locales, bien cargada de incomodidades y sacrificios, pero esperanzadora en otros órdenes, cuando los Padres prometidos por el Padre Xifré al Arzobispo para atender también a la enseñanza, llegasen y comenzasen a actuar.

Prometedor comienzo de los ministerios

No fue solo el Arzobispo en mostrarse cordialmente generoso con los Misioneros, hasta el punto de sentirse celoso de otras ayudas y protecciones, que él reclamaba exclusivamente para sí; todos parecían rivalizar a porfía en atenciones con los recién llegados, que supieron captarse desde el primer momento universales simpatías.

La escuela y el colegio, que, según convenio del Padre Xifré con el Arzobispo, se abriría y sostendría con nuevo envío de personal hasta once Padres, era la ilusión dorada del Prelado y también constituida la expectación ansiosa del pueblo. Se abrió, casi inmediatamente después de llegar, el 5 de julio; y cuando luctuosas circunstancias obligaron a su provisional clausura, todos se preocupaban por él, como la obra fundamental de la institución de San Francisco.

Los ministerios propiamente sacerdotales, lo mismo que las tareas de la enseñanza, apenas pudieron los Misioneros comenzarlos, entreviendo el inmenso campo abierto a sus iniciativas y actividades.

La Tragedia claretiana

Indicaciones a este jaez se van repitiendo en las cartas de los primeros días, mientras la recién llegada Comunidad vivía una espantosa tragedia, bastante a sobrecoger los más animosos corazones. Cuando el Padre Requeséns, el 4 de julio, escribía una festiva carta a los Hermanos de España, nadie hubiera podido suponer que tres de los individuos de la Comunidad hubiesen casi fulminantemente sucumbido víctimas del vómito y fiebre amarilla que los atacó a poco de llegar.  El Padre Manent, que el 29 de junio escribía, también se veía obligado a poner esta posdata escalofriante:

“Al terminar la carta supe que el vapor correo no debía marchar hasta el 5 de julio; y por esto, hoy, que estamos a tres, voy a consignar una noticia que tal vez va a llenar de amargura el corazón de todos ustedes. Dios Nuestro Señor ha exigido de nosotros un sacrificio muy sensible.

Los PP. Ferrer y Rierola, como también el Hermano Casas, han sido víctimas de la fiebre amarilla”.

R.R. P.P. Fernando Santesteban, Vicente Martín y el Hrno. Manuel López, en 1920

Ejemplar disposición de ánimo de todos los Misioneros

Es de presuponer lo que ocurriría en Thuir y en España ante las alarmantes y desastrosas noticias que se iban recibiendo: el Padre Clotet lo reflejaba muy bien en aquellas exclamaciones de sus Apuntes en la intimidad:

“¡Virgen Santísima, oíd a vuestros hijos! ¡Dios mío, asistidnos!”

El Padre Clotet, al anotar el 25 de septiembre las últimas bajas con algunas noticias complementarias, añadía con sencillez verdaderamente impresionante:

“Muchos estudiantes de Thuir, de palabra, y otros de las casas, por escrito, se han ofrecido para ir a Cuba.”

El ilustrísimo Padre Armengoll Coll también, en carta al Padre Batlló de 28 de abril de 1911, apunta el mismo fenómeno; refiriéndose a las tierras de Guinea, le decía:

“¡En estas tierras tenemos tan poco personal! Y me dicen algunos que es por miedo a las enfermedades. ¡Dios mío! ¡Cuándo en el 80 se murieron los de Cuba, a cada cablegrama de defunción, había la mar de ofrecimientos para cubrir la plaza!”

Así, con este impresionante laconismo de hechos y de palabras, se cerraban los sucesos y relatos de esta malograda fundación, que tantas buenas esperanzas había suscitado, después de emprenderse a impulsos de filial cariño hacia el Fundador, que en Cuba había derrochado tesoros de celo pastoral y misionero” (Art. Cit. Desastrosa Fundación en Cuba. Cap. XV  pp.641-651.).

De nuevo la Presencia Claretiana

Preámbulo hasta Septiembre de 1920

Los Misioneros estuvieron ausentes de Cuba por espacio de más de 38 años, después de la lamentable tragedia de 1880, pero nunca perdieron la ilusión, ni el espíritu de volver a fundar en Cuba y sobre todo en Santiago de Cuba donde el Padre Fundador había ejercido como Arzobispo. No es hasta julio de 1918 en que los Hijos del Inmaculado Corazón de María, vuelven a pisar tierra cubana y santiaguera.

Los acontecimientos que se desarrollaron previos a la fundación de esta nueva comunidad claretiana, fueron abordados a modo de introducción en la confección de las crónicas por los R.P. Anastasio Alonso y Andrés Reza, pero es el R.P. José Carulla que describe más detalladamente estos históricos momentos.

“El R.P. Benito Ripa en Julio de 1918 vino a Cuba acompañando al R.P. José Carulla y al Hno. Castor Santiñan procedentes de San Antonio Texas, donde residía entonces la Curia Provincial de México.

El Sr. Obispo de Santiago de Cuba, Mons. Guerra había escrito una carta a San Antonio para que fuéramos a fundar en Santiago, prometiendo dar una casa buena a los Hijos del Bto. P. Antonio María Claret, a quienes correspondía estar en Cuba en memoria y recuerdo de su Padre Fundador.

Al llegar a Santiago a fines de Julio los tres individuos RR.PP. Benito Ripa, José Carulla y Hrno. Santiñan, se presentaron inmediatamente al Sr. Arzobispo, quien nos dijo, que nos hospedaríamos en San Francisco con los Padres Paules. Pasaron cuatro ó cinco días y como nos no decía, que nos daría, al fin urgido, nos dijo, que tenía instrucción de darnos la Parroquia de Palma Soriano, en lo que sufrimos un desengaño, pues no pensábamos que nos daría algo ó mucho en Santiago.

A fines de Agosto de 1918 se nos dio posesión de la Parroquia de Palma Soriano, que entregó el R.P. Ramos.

Hacía casi dos años que estábamos en Palma Soriano, cuando a mitad del mes de Abril de 1920, recibí una carta del P. Frutos Díaz, Párroco de La Santísima Trinidad de Santiago, diciéndome que quería hablar conmigo. Fui a Santiago a entrevistarme con él y dijo que quería dejar la Parroquia que tenía en propiedad y dejárnosla a nosotros. Fuimos los dos a ver al Sr. Arzobispo, diciéndole el P. Frutos, que ya era hora de arreglar la entrega de la Parroquia; pero que quería que se nos entregase a nosotros los Misioneros del Corazón de María. El Sr. Arzobispo contestó que con mucho gusto vería en ello y que hiciera la entrega el día que quisiera.

El 25 de Septiembre de 1920, llegaron para esta fundación los RR.PP. Fernando Santesteban, Vicente Martín y el Hrno. Manuel López y más tarde el R.P. José Molné, quienes se encargaron de la Parroquia de La Santísima Trinidad, constituyendo la primera comunidad y alojándose en una casucha miserable junto a la Iglesia y que hacía de casa parroquial, donde había vivido por espacio de años el  párroco P. Frutos Díaz, a quien se debe nuestro establecimiento en la capital de la Provincia de Oriente”. Fdo. José Carrulla c.m.f. 6 de Agosto de 1938.

Desde Septiembre de 1920 hasta Agosto de 1960

Queda establecida y organizada la comunidad claretiana el 25 de Septiembre de  1920. Vivía en un “solar” contiguo a la Iglesia parroquial y propio de esta, pero de condiciones higiénicas verdaderamente detestables. El Gobierno General de la Congregación nombró el primer gobierno local de esta casa en la siguiente forma: R.P. Fernando Santesteban, superior y párroco; R.P. Manuel Aymemí, consultor primero; R.P. Vicente Martín, consultor segundo y ministro; el Hermano Manuel López formaba parte de la comunidad.

Hacía finales de este año realiza una visita general el Rmo. P. Martín Alsina, acompañado del R.P. Felix Alejandro Cepeda, con Mons. Guerra firman un contrato por el cual se le daba a los misioneros sin condiciones la Parroquia de Trinidad y se comprometía el prelado a edificarles una casa cómoda y espaciosa.

El 1ro. de Septiembre de 1925, una vez obtenidos los permisos necesarios y aprobado por los superiores los planos del arquitecto, empezaron las obras de la casa, bajo la dirección de Don. Manuel Pardos.

El año de 1926 fue memorable en los anales de esta residencia claretiana, por haberse instalado durante este año la comunidad en la casa nueva, aunque sin estar concluida. Se produjo este suceso en el mes de febrero. En el mes de Abril se suspendieron las obras por falta de recursos.

En este año de 1926 se celebraron elecciones en la Provincia de México, a la cual se adscribió esta residencia al formarse la Provincia de Estados Unidos, fue nombrado el gobierno local en la siguiente forma: Superior y párroco. R.P. Anastasio Alonso; Consultor primero y ministro R.P. Rosendo Olleta; consultor segundo R.P. Fidel Zapatero, ambos además vicarios-cooperadores.

Se recibieron algunos fondos y se obtuvo permiso para concluir las obras de la casa que se habían suspendido.

Duraron estos trabajos desde el 11 de Enero al 2 de Marzo de 1927. Llenos de bríos y animados por el M.R.P. Provincial que estaba desarrollando la visita anual, los misioneros resolvieron arreglar en lo posible la Iglesia, cuyo aspecto exterior era lamentable.

En Diciembre de este mismo año, la comunidad claretiana sufre un golpe a su estructura parroquial, el Sr. Arzobispo Zubizarreta entregaba a los PP. Redentoristas la Iglesia nueva de Vista Alegre, que aún no estaba concluida; los PP. siempre habían estado en la persuasión de que sería para ellos.

A mediados del año se procuró recopilar toda la documentación posible sobre el Padre Fundador en Cuba.

Al cierre de este año en la jurisdicción de la Parroquia residían alrededor de 30,000 personas. Abarcaba los barrios de Trinidad (en su mayoría gente pobre y de color), Cuabitas, Reparto Fomento o de Sueño y Vista Alegre.

Los padres nunca decayeron en su actividad religiosa fuera de sus territorios, el día 25 de Marzo de 1929, sale para Manatí el Padre Bach a fin de predicar allí la Semana Santa, regresando el 1ro. de Abril. El día 4 llega el Padre Martín de Palma Soriano para concretar las dos misiones que realizarían en Mayarí y Cueto los P.P. Bach y Ruiz, este último de Palma Soriano.

Se inaugura el día 8 de Septiembre de 1931 el nuevo Seminario de San Basilio Magno en El Cobre, el Padre Superior asistió como invitado.

Se recibe la importante noticia el día 30 de Enero anunciando la beatificación del Padre Fundador para el día 25 de Febrero de 1934.

Se efectuaron 1,214 Sacramentos a los enfermos de la Parroquia, se incluyen los del Hospital Provincial y las Clínicas del Sagrado Corazón y Los Ángeles, dentro del territorio parroquial. En los primeros meses de 1936 los bautizos fueron 265. Al finalizar el año se contabilizaban 5,880.

Como acontecimiento extraordinario en este período, debemos de señalar la coronación de la Virgen de La Caridad. El 20 de Diciembre de 1936 es coronada canónicamente en Santiago de Cuba la imagen de la Virgen de La Caridad, del Santuario Nacional de El Cobre; y para dar importancia y solemnidad a esta coronación, se celebró un Congreso Eucarístico Diocesano, que concluyó el mismo día 20 de Diciembre.

El 6 de Agosto de 1938, el Provincial Padre José Carulla aceptó la propuesta que le hizo Mons. Antonio Veyrumer, Párroco de El Cobre y Capellán de la Virgen de la Caridad, de que las casas claretianas de Cuba costeasen la estatua del  fundador Antonio María Claret

El día 29 de este mismo mes el Superior de esta comunidad llevó al Cobre la cantidad de $100.00 en moneda nacional, ($25.00 de cada casa en Cuba). La bendición y colocación de esta imagen fue el 19 de Julio de 1942.

Los jóvenes de la Acción Católica de la Iglesia de Sueño, por medio de una verbena efectuada los días 10 y 11 de Mayo de 1936, juntaron $ 230.00 para el arreglo de esa Parroquia. Se pintaron y arreglaron puertas y ventanas, se pintaron las paredes, se arregló el techo de zinc, repararon baños, armarios… etc.

El trabajo de la catequesis fue también notable en esta etapa. El Padre Aguirre decidió visitar las escuelas privadas y con la autorización de los maestros, iba a enseñarles el catecismo; se les enseñaba la parte elemental, y se trataba de que los niños la asimilaran totalmente. Se llegaron a visitar 34 escuelas, se llegó a tener un promedio de visitar más de veinte escuelas.

El 27 de Septiembre de 1939 visita la Parroquia el Exmo. y Rmo. Padre Juán J. Maizteguí, Arzobispo de Panamá, permaneciendo en esta dos días, y visitó el Santuario de la Virgen de La Caridad en El Cobre.

En el año de 1943 se produce un acontecimiento que afectó sensiblemente la estructura organizativa-religiosa de la Parroquia. El Sr. Arzobispo, oído el Consejo Diocesano, determinó segregar del territorio de nuestra Parroquia el apartado reparto Vista Alegre, y con él, por supuesto, la Parroquia de El Caney, denominándola “Parroquia de Vista Alegre y El Caney” y la entregó a los Padres Redentoristas. Esta separación la habían solicitado 135 familias, —al parecer inspiradas por los PP. Redentoristas— para facilitar el servicio religioso. El 15 de Febrero, el Arzobispo expidió el decreto, que entró en vigor el día 7 de Marzo.

El 1ro. de Marzo de 1946 se conforma un nuevo gobierno local, integrado esta vez por el Padre José M. Vila, Juan B. Arandigoyen, Ramón Dueso y Angel  Abad; con el Padre Amorebieta formaron un colectivo de 5 Padres Claretianos.

Sigue manifestándose el trabajo misionero extra-parroquial: en Noviembre de 1946 el Padre Vila realiza una misión al Central Sta. Lucia; en Febrero de 1947 el Padre Arandigoyen desarrolla otra misión en Manatí; durante cuatro meses, de Junio a Septiembre de 1946, con intervalos de dos semanas, daba el Padre Abad catequesis y misa dominical en Baire; en el Leprosorio San Luis de Jagua, en 23 meses dio el Padre Amorebieta 46 conferencias, 23 misas, administró distintos Sacramentos a 866 enfermos; durante el año de 1946, el Padre Dueso impartió ejercicios a las religiosas de la Enseñanza; en 1948 breves ejercicios a Sras. y Srtas. y breves cursos de confesiones a caballeros y jóvenes, esta vez por el Padre Amorebieta, todas estas actividades se realizaron en Palma Soriano; en Septiembre de 1947 el Padre Amorebieta hace un panegírico de la Virgen de La Caridad.

El día 7 de Marzo se recibe la visita inesperada del nuevo Arzobispo a la comunidad y a la Iglesia Parroquial.

El día 19 de Abril, vuelve a visitar la comunidad claretiana el Arzobispo Mons. Pérez Serantes, esta vez para felicitar al Padre Ursa por la fecha de su santo.

El día 22 de Junio, fiesta de la Santísima Trinidad, el Sr. Arzobispo se dignó en celebrar la Misa de las 7:00 p.m. y en ella dirigió breves palabras a los comulgantes.

Los días 11 y 18 de Junio el Padre Superior realiza las dos primeras salidas en automóvil parlante, en acto de propaganda católica, parte hablada y parte grabada, por las calles de la Parroquia durante dos horas. El plan consiste en salir dos veces por mes, en la víspera de los domingos primero y tercero.

El 17 de Julio el Padre Superior pronuncia la primera charla por la Cadena Oriental de Radio, de unos 13 minutos de duración, en horas tempranas de la noche. Se piensa darla todos los domingos. La primera charla se impartió sobre la Congregación.

El 5 de Octubre se produce la inauguración y bendición del ” Colegio Claretiano” de Palma Soriano.

El día 2 de Febrero de 1954 se realiza la Primera Comunión en nuestra Iglesia de 50 niños preparados por las Rdas. Madres Oblatas, en los barrios más pobres de nuestra Parroquia.

A mediados de Marzo se desarrolla el “Día de los Hospitales”: Comulgaron 43 enfermos y 10 personas que ayudaron a prepararlos. Se efectuaron Comuniones en la Clínica Sagrado Corazón.

Se recibe el 31 de Agosto, la importante visita del R.P. Ramos, recién llegado de los Colegios Claretianos de Colombia. Es el primer sacerdote claretiano cubano.

En el mes de Enero de 1958 fue elegido el nuevo Gobierno Local hasta 1960, compuesto por: Superior RP. Martín Redorta; Consultor Primero RP Severiano de Betelú; Consultor Segundo y Ministro RP. Alvaro Santiago.

En el mes de Abril hubo que trabajar mucho para hacer Bautizos y Matrimonios, se realizaron 94 Bautizos, pero inexplicablemente no se recogen en las crónicas los Matrimonios realizados; se omitieron las cifras.

El día 16 de Julio se celebró un aniversario más de la fundación de la Congregación, se celebró con la solemnidad que se pudo (Doc. Cit. Libros de Crónicas Comunidad Claretiana).

Hasta aquí llega lo recopilado en estas crónicas en un período de cerca de 40 años de presencia claretiana en esta Iglesia; historia que continúa escribiéndose a partir de 1995, en que vuelven los Hijos del Inmaculado Corazón de María a su Parroquia. Dentro de los 213 años  de fundada que tiene nuestra Iglesia, y los 73 de construida la Casa Parroquial, la presencia de estos misioneros se ha dejado sentir siempre, a pesar de cualquier adversidad.

*Artículo publicado en el nro 4 de la revista Viña Joven, correspondiente al período abril-junio de 2000. Se ha respetado la redacción, uso de mayúsculas y abreviaturas del artículo original.

[i] Proyectista en Planeamiento Territorial, en la fecha de publicación del artículo laboraba en la Parroquia de La Santísima Trinidad. y era miembro de los Seglares Claretianos.