La esperanza y la vida en el Señor

cabecera buen nueva Alvaro

Estén prevenidos porque no saben el día que llegará su Señor… Una sentencia típica del tiempo de Adviento. De ordinario, sobre todo en grupos literalistas o fundamentalistas, se utiliza este lenguaje para infundir pánico o miedo a la persona, con el fin de crear una respuesta de fe. Sin embargo, hay que saber que cuando se escriben estos textos lo que se buscaba era generar una respuesta activa de aquellos primeros cristianos y cristianas que estaban siendo perseguidos simplemente por creer en Jesús.

El miedo los abatía, la duda y la incertidumbre los gobernaban, por lo cual muchos de ellos o ellas estaban tentados a renunciar o claudicar de su seguimiento en Jesús. Pero hacer memoria de que Él volvería, les llevaba a confiar o mantener viva la esperanza, a superar los miedos, a luchar por lo que creían. Porque todo aquello que parece profundo y grande, en momentos invencible, todo quedará a la nada. Todo es relativo, lo absoluto y único es Dios.

Por tanto, más que miedo, los textos escatológicos lo que buscan es generar una respuesta sólida del creyente. Buscan suscitar esa fe en el Señor, recordando que Él llegará, es decir que no nos ha dejado de la mano. Nuestra vida está en sus manos. Todo es de Dios y todo para Dios. Estar prevenidos es importante, porque los que se duermen pueden fácilmente caer en la presa del tentador y recorrer caminos de destrucción. Con facilidad se puede caer en una vida ligth o claudicar a sus principios de fe.

Es de allí que decir que Él llegará, no es sinónimo de resignación ni mucho menos de terror, es hacer una apuesta por el Dios de la justicia, por el Dios de la esperanza, por el Dios de la vida… Es vivir nuestra vida con la confianza de que la historia está en sus manos, que todo aquello que parece indestructible, dominante, grande, al final es nada. No hay que dejarse engañar, todo es relativo, todo es efímero, lo sólido y magno es poner la esperanza y la vida en el Señor.

Deseo terminar esta reflexión haciendo memoria de lo que tanto nos ha insistido el Papa Francisco en su encíclica Evangilii Gaudium: el gran riesgo del mundo actual, con sus múltiples y abrumadoras ofertas de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales… los creyentes corren ese riesgo. Muchos caen y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida (EG2).

Nos viene bien meternos en lo profundo de este texto, porque considero que resume nuestras tentaciones para no vivir lo que el adviento nos quiere marcar. Volver al Señor, poner nuestra vida en Él, para que se reanimen nuestras esperanzas, y nuestro seguimiento sea más profundo y activo.

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