El orgullo de ser santiagueras y cristianas

Dos mujeres, santiagueras, católicas, de esas que siempre ayudaron a mantener la fe aún en los momentos más difíciles (según recordaba Mirtha Clavería) fueron las invitadas a “El Patio de los Sueños” en su más reciente edición, del mes de junio.

María Caridad López y María Caridad Campistrous

Dos mujeres, madre e hija, con una amplia, consagrada y fructífera trayectoria en la Iglesia santiaguera, invitaron a soñar: María Caridad Campistrous Pérez, Directora del Instituto Pastoral Enrique Pérez Serantes, y María Caridad López Campistrous, responsable de la Comisión Arquidiocesana de Medios de Comunicación.

De la mano del escritor y anfitrión del espacio, José Orpí Galí, los reunidos en uno de los salones del Centro Cultural y de Animación Misionera San Antonio María Claret (CCAM), pudieron conocer, de voz de sus protagonistas, detalles sobre Instituto Pastoral Enrique Pérez Serantes, el boletín “Iglesia en Marcha” y el trabajo de los medios de comunicación en nuestra Arquidiócesis.

Asimismo, se recordó a monseñor Pedro Meurice Estiú, desde las anécdotas de María Caridad Campistrous, quien fue una cercana colaboradora y aprendió a admirarlo, incluso hasta estos días.

La conversación de Orpí con Macucha y Yuyú (como se conocen en la comunidad a madre e hija, respectivamente), estuvo matizada para la extraordinaria actuación del grupo vocal Ángelus, miembros del CCAM; así como por la narración oral de Georgina Soler y Berta Ferrer.

Otro momento especial fue el dedicado a que el público asistente contara sobre sus sueños. En esta ocasión nos hablaron de un escritor como García Márquez y su firma estampada en un ejemplar de “El amor en los tiempos del cólera”, mostrado con orgullo por su propietaria; o del sueño de la paz para todo el mundo, contado con voz entrecortada por una señora que a la vez añoraba ver sana a su hija y tener fuerzas para acompañarla muchos años más.

Y otra vez la voz y la experiencia de Macucha, que hizo suyas las palabras de monseñor Elder Cámara para convidar “soñemos juntos, compañeros”.

 

De iquierda a derecha María Caridad López (Yuyú), María Caridad Campistrous (Macucha) y José Orpí, en El patio de los sueños

Fragmento de la entrevista realizada por José Orpí (JOG) a María Caridad Campistrous Pérez (MCC), y María Caridad López Campistrous (MCL).

JOG: ¿Qué significa Santiago de Cuba para ustedes? ¿Qué consideraciones le merece una ciudad como esta, que balancea su historia entre sismos, huracanes y el aliento poderoso de la fe?

MCC: Si algo digo con orgullo es que soy santiaguera. En estos días tenemos una reunión en El Cobre y hay personas de otros lugares de la isla (…) y yo les decía: «No es que venga de muy cerca la recomendación, pero miren, miren ese paisaje. Miren». Porque es que uno nace en Santiago, en Oriente, y se acostumbra a ver las montañas y cuando está en otros lugares donde todo es llano, no es lo mismo. Nos hace falta ver el verde de las montañas, oler el salitre del mar, subir las lomas y ver este cielo… este cielo no se ve en todas partes, este azul, nublado, como esté; es esa combinación armoniosa de la naturaleza que hacen ya de por sí a Santiago, un lugar acogedor. (…) como decía [monseñor Pedro] Meurice, [tenemos] el tesoro más grande Cuba, ahí, en las serranías. Y nos acostumbramos tanto a que la tenemos ahí, que no sentimos que es algo tan importante para el resto de los cubanos; pero cuando vienen y se van acercando a la casa de la Madre, se lo sienten. Porque es también un imán que tiene la región oriental. (….) Yo tenía una buena amiga (…) y ella decía que ser santiaguero era ser cubano dos veces, porque era, además, de Santiago de Cuba. El orgullo ese de el ser oriental, porque estamos orgullosos de esta tierra caliente pero hermosa, donde nunca por más que haya llovido se ha apagado del todo la fe. (…) Y eso por la Madre que la tenemos cerca, por ese espíritu también, de esa fe vivida y aprendida en familia, y de esas semillas de Evangelio que se regaron por todas partes, y algunas se fueron pero dentro siempre quedó el ejemplo. Para mí eso es ser santiaguera: un orgullo.

MCL: Realmente creo que forma parte del ser santiaguero, el amar el lugar. Puedo estar en cualquier de Cuba —y mira que en Cuba hay lugares bonitos—pero ninguno tiene la posibilidad de subir tres lomas, pararte allá arriba y mirar y ver el mar y las montañas. Para mí el paisaje más lindo de la ciudad es cuando uno está allá arriba —o en San Agustín o en Calle Nueva— y ves la ciudad; desde ahí es como si estuvieras en un balcón. (…) Santiago hoy es una ciudad linda; todo el que llega a Santiago se siente cautivado por esa belleza. Ya no hay tantos techos rojitos cuando nos paramos en Calle Nueva y miramos hacia abajo (…) pero sigue siendo un paisaje maravilloso, de amarlo y de cuidarlo. Yo pienso que Santiago tiene esa magia de cautivar a los que llegan de lejos. (…) Y debe ser eso lo que le trasmitamos a los jóvenes; porque nos quejamos siempre de las generaciones más jóvenes, pero tenemos la responsabilidad de sembrar eso en ellos: que amen el lugar donde nacieron, que sientan por él para que entonces puedan revertir con obras ese amor. Y vincularlo con la fe. Cuando uno mira para atrás su vida, no la ha construido sola; siempre tiene una familia donde fuiste educada y naciste también a la vida de la fe y también tiene una comunidad. (…) Y puedo decir los nombres de las mujeres que configuraron mi fe cristiana de hoy. Se llamaron: Macusa Rodríguez, Teté Camacho, Gloria Rodríguez, Ana Caridad de la Tejera, Alicia Fernández, Luz Molina… que vivieron en este barrio y amaban la ciudad; amaban la ciudad y amaban la iglesia. Y creo que eso fue un legado enorme que pusieron ellas en mí. No me educaron en la fe desvinculada de lo que pasaba en la ciudad, de lo que había pasado. Fue ese entretejido que te forma y que debemos velar para que ese chiquitico que a lo mejor está en cuarto o quinto grado, o que va a entrar a la Universidad pues tenga también ese tejido en su corazón, de amar la ciudad, de amar a la iglesia también.

JOG: Cómo nuestro espacio se nombra “El Patio de los Sueños”; ¿qué sueños han logrado cumplir y cuáles desean ver realizados?

MMC: Podemos hablar del patio en lo físico. Este patio pasó por una época en que estaba bastante destruido. (…) yo nunca soñé que pudiera ser tan hermoso el patio y todo lo demás. Porque ese es un reconocimiento que habrá que hacerle siempre al padre Carloman, que hizo de lo que había aquí, lo que hoy tenemos (…) Y esos sueños que se cocinaron, como se dice, en ese patio, y en los vetustos corredores de aquel entonces se han ido haciendo realidad. Una realidad que no soñábamos tan grande, y queríamos ver algo. Pero ya vemos y cada vez vemos más. Y al igual que el edificio material nunca lo soñamos tan bonito, pues los otros sueños son más grandes de los que nos atrevíamos a soñar en aquella época. Y seguimos soñando. (…) decía monseñor Elder Cámara, el Obispo de los Pobres: «sueño que se sueña solo, ha de ser pura ilusión; sueño que se sueña juntos, es señal de solución. Soñemos juntos, compañeros» —y esto de compañero es de monseñor—. Y eso a mí me encanta; porque es la realidad. Cuando soñamos juntos ese sueño lleva a la acción. El sueño que nada más se sueña es la quimera. Pero cuando el sueño llega a la acción entonces… soñemos juntos, compañeros.

María Caridad López y María Caridad Campistrous

Anuncios