El lenguaje como lazo de sangre

El idioma español convoca, subyuga, entusiasma. Su uso está lleno de rendijas, recovecos, esquinas que develan un misterio y abren camino hacia misterios mayores. Algo de ello saben Darío Muñoz Proenza y Alex Muñoz Alvarado, padre e hijo que han dedicado gran parte de su vida a lidiar con el idioma y sus usos, con los “demonios” que también le rodean.

El primero, quedó atrapado entre las palabras, en aquellos tiempos de economista que le llevaban a recorrer todo el país y escuchar las diversas modalidades del “español cubano” en cada región. Tomar notas se convirtió en un hábito, y ese hábito creció hasta generar un Diccionario que recogía todas esas singularidades del habla en Cuba.

El segundo, creció entre esas notas, viendo al padre recopilarlas, transcribirlas, comentarlas; creció marcado por la curiosidad hacia el lenguaje. Y la lengua fue una atracción, aunque a las Letras llegó casi de casualidad, para descubrir allí su vocación.

Hoy, Doctor en Ciencias Lingüísticas, investigador del Centro de Lingüística Aplicada, Alex es autor de importantes investigaciones sobre la fonética en el habla cubana, y coautor de relevantes textos como el Diccionario Básico Escolar, del cual ya se prepara su quinta edición.

Alex Muñoz (izq) Darío (centro) y José Orpí (der). Foto: Joaquín Sellén

Y es precisamente esa pasión por la lengua española, esa vocación por develar sus misterios, corregir los errores en su uso, lo que llevó a ambos, por caminos convergentes, a colaborar con Viña Joven.

Durante años han sostenido la sección «Lenguaje y comunicación», una de las más distintivas de la publicación que el venidero julio celebrará sus veinte años de vida. Desde ella, con un lenguaje sencillo, cercano al lector, nos alertan, recomiendan, sorprenden con las sutilezas de uno de los idiomas más hablados en el mundo.

Todos estos, motivos más que suficientes para que la edición de El Patio de los Sueños del mes de junio se dedicara a Darío y Alex Muñoz. Edición que contó, además, con la narración oral de Georgina Soler; la picardía del anfitrión, José Orpí; y la música del dúo Imagen.

 

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