Reynaldo García Blanco: “Yo siempre estoy lleno de sueños”

José Orpí Galí (JOG): Emeregildo Reynaldo García Blanco, vino a vivir hace muchos años a Santiago de Cuba, procedente de su natal Sancti Spíritus y a su llegada aseguró que el objetivo primordial que lo animaba era “asesinar” a Cos Causse y Efraín Nadereau (Risas), desafiantes en el Parnaso de la literatura santiaguera. Desde entonces no ha dejado de movilizar espacios, peñas, tertulias, talleres, hermandades, con cirios y otras hierbas de semejante aromas en nuestros predios. Y es que posee un arma ante la que se rinden tanto las tribus caníbales como las hordas de Atila: un humor a toda prueba. En una entrevista que me hizo en el espacio “Cantapalabra” de la Casa del Caribe, me preguntó qué concurso me gustaría ganar. Yo le respondí: “El Casa de las Américas”. Pues resulta que ahora el que se lo ganó fue él, y claro que muy merecido, porque a su habilidad de taumaturgo, es capaz de servir sencillez y humildad a manos llenas, y de seguir prodigando bondades al prójimo, en un ejercicio de fervor y constancia.

Haciendo uso de sus mejores títulos, le dedico este mensaje:

“Aunque los Perros blancos de la aurora, sigan escuchando canciones en ruso y en inglés en discos de vinilo, no importa, desde el País de Hojaldre, volverán a contemplar sus Campos de belleza armada. Bienvenido Rey al Patio de los Sueños.

Reynaldo García Blanco (izq) y José Orpí

Reynaldo García (RGB): Agradezco la invitación del Centro y a ustedes porque en un día de tanta lluvia es casi que un acto heroico estar a las cinco de la tarde para escuchar poesía.

JOG: ¿Qué has encontrado en Santiago? ¿Por qué no mataste a Cos y a Nadereau?

RGB: Eso de matar a Cos Causse y Nadereau es una broma literaria, porque en realidad, en algún momento Julio Cortázar, cuando se fue a Francia, dijo que lo hacía para matar a Borges (Risas). En el caso mío fue similar. El único que se puso bravo creo que fue un hijo de Cos, pero no, era una broma literaria, al final ahí está Nadereau… quizás el me mate a mí (Risas). En los noventa yo emigré para Santiago de Cuba (en Sancti Spíritus había un poeta contemporáneo mío, un gran poeta, Edel Morales, que emigró para La Habana y escribió un libro que se titulaba Mirando pasar los autos hacia Occidente. Entonces yo quería escribir un libro que se titularía Mirando pasar los autos hacia Oriente, pero no fue posible) y encontré aquí el amor, las amistades, el trabajo y mucha solidaridad entre la gente; es decir, me siento tan santiaguero como espirituano.

JOG: Cuando Cristo expulsó del templo a los mercaderes no hizo más que establecer una señal del respeto que se debe tener ante la obra y la magnificencia de su don. Si tuvieses la posibilidad de expulsar de este convulso mundo aquello que, a tu juicio, lo denigra e irrespeta, ¿cuáles serían esas cosas desechadas?

RGB: Expulsaría a los mentirosos… expulsaría a esos vendedores que te asaltan ahí en la Cafetería Ven, antigua joyería Nieto, que lo mismo te venden gafas, que cuchillos, perfumes… y no te dejan conversar, compartir ese momento privado de intercambiar un café. A esa gente que es pura indisciplina, que no te dejan vivir en paz y te obligan a aislarte, no acudir a esos sitios. Sería bueno expulsar a esa gente.

JOG: Aunque todos te han preguntado lo mismo, nosotros queremos saber algo sobre tu premio Casa de las Américas. ¿Y después qué?

RGB: Tener el Premio Casa de las Américas es una especie de fardo que tienes que cargar. Hay que ver después que salga el libro, si resiste… porque puede que la gente diga: ¡Ah, pero ese es el premio! (Risas) Pero el Premio ha deparado cosas interesantes, agradables (como esta de estar compartiendo aquí con ustedes). Pero hay que seguir escribiendo.

JOG: Un importante poeta dijo: “Si pierdo la memoria, ¡qué pureza!”. ¿Qué momento de tu existencia quisieras borrar para siempre?

RGB: A mí me martiriza mucho una cosa muy personal, (y pasó mucho tiempo para poderlo escribir) que fue la muerte de mi padre; con el cual, por cierto, no tuve una buena relación pero me tocó estar muy de cerca, cuidarlo, y es una cosa que siempre tengo ahí, que no pasó con mi madre, con mi hermana, que era una relación mucho más afectiva. Son cosas así personales que me han marcado… Aunque yo soy una persona que cuando hago el balance del día, hay cosas que simplemente las borro, las tiro para la papelera de reciclaje, como se dice en el argot de la computación.

JOG: En el Nuevo Testamento aparece la parábola de la Gran Cena, donde un hombre prepara un banquete, e invita a muchos amigos y conocidos, pero estos se excusan de no poder asistir y al final lo dejan solo. Entonces él manda a su criado a que recolecte gente por los caminos, y así llena su casa. ¿Qué opinión te merece el concepto de gratitud en los múltiples escenarios de la vida? ¿Invitas a muchos a tus cenas y no acuden? (Risas)

RGB: Yo comparto mucho el tema del dador alegre: el dar sin esperar nada. El que da siempre recibe. Dar conocimiento, cosas materiales, dar alegría. Yo no invito mucho a mi casa porque vivo muy lejos, algunos van y después no quieren esperar mucho porque se les hace tarde y los sorprende la noche (Risas). Pero sí, aquí hay muchas personas que han ido a mi casa, se han tomado su potaje de frijoles. Sí, me gusta invitar; aunque como estoy más tiempo por el centro de la ciudad me gusta invitar a un café, a una merienda, porque creo que eso es parte de las relaciones. Eso es gratitud: gratitud para uno mismo y para el otro también.

JOG: ¿Qué epitafio te gustaría que colocaran en tu tumba? (Risas prolongadas)

RGB: Todavía no he pensado en eso (Risas)

JOG: Yo tampoco lo he pensado (Risas)

RGB: En una ocasión me hicieron una pregunta, algo así como: “Si yo me moría, y llegaba al paraíso, ¿qué me gustaría encontrar?”. Yo respondí: “Un letrero que dijera: ‘Cerrado por fumigación’ (Risas) y así me enviaran de regreso.

JOG: ¿Qué sueños por cumplir te aguardan en el camino?

RGB: Yo siempre estoy lleno de sueños: seguir viviendo, seguir escribiendo, publicando. Cuando uno deja de tener sueños es como una especie de cero a la izquierda y hay que tener un sueño, aunque sea mínimo, pequeño.

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